Crónica Ironman de Vitoria

IRONMAN. Para aquellos que no sepáis de que va el tema, esto no es una crítica de cine de la última película de superhéroes de la Marvel, si bien también hay superhéroes/ines y mucha épica. Un Ironman es la competición máxima dentro del mundo del triatlón que se realiza en un solo día, y una de las pruebas más duras que existen y que requieren un gran físico y mucha fuerza mental. ¿Y porque os hablo de esto? Pues porque este 9 de julio pasado participé en mi primer Ironman en Vitoria, o también conocido como Triatlón Full Distance. Básicamente esto significa que recorrí 3'8 km nadando, 180 km en bicicleta, y un maratón corriendo (42 km), todo de una tacada. De hecho la natación fueron unos cuantos metros más, pero de eso ya os hablaré ...

He intentado hacer que el artículo fuera divertido, pero seguramente hay partes algo más aburridas, y otras donde espero que riáis bastante...

La preparación para un Ironman en sí es muy dura, ya que implica mucho entrenamiento. Salir muchos días a hacer tiradas largas corriendo (entre 20 y 30 kms), hacer tiradas largas de bicicleta (entre 90 y 180 kms), y nadar sin parar tanto en piscina como en el mar, esquivando las malditas medusas (o comiéndotelas).

Vitoria, y sobre todo su gente, es una ciudad genial. Hubo varios temas que hicieron que no pudiera ir con Marta, mi pareja, y mi padre me acompañó esta vez con autocaravana, con lo que de carambola conseguí alojamiento, algo que ya estaba muy complicado. De hecho, esta ha sido la primera vez que él me ha visto competir, que ya tocaba también.

Como no podía ser de otro modo, más compañeros de Viladecans Triatlón (VT) se apuntaron a hacer la misma prueba. En distancia Ironman (Full), Paco y Juan Pablo, y en distancia Half, Jose, Juan, y Oliver. Algunos vinieron con sus familias y parejas, como Ester (también VT), Carmen, Antonio (que tenía que competir pero cedió su dorsal a Juan unos meses atrás), y todo el resto de tropa. Pero tal vez es hora de empezar a explicar cómo fue.

Llegué el viernes ya hacia las 21:00. El resto de VTs estaban cenando pinchos los muy cabroncetes, pero a mí ya no me daba tiempo de ir hacia allí, así que quedamos para el día siguiente en el briefing de la carrera. Cuando desperté el sábado fuimos con mi padre hacia la Feria del Triatleta. No tuve que hacer cola (no como los otros que se la comieron con patatas, jajaja), y en nada ya estaba inscrito y tenía todos los regalos de la organización: una mochila muy chula (a mi padre le compré otra igual), un bidón, un pull boy que me hubiera ido bien en la parte de natación, y propaganda diversa. En la feria compré un par de cosas que necesitaba, como una bolsa de barritas más grande para la bici y un spray antivaho para las gafas de natación que me fue de lujo. Antes de comprarlo miré bien en todas partes ya que por el mismo artículo había diferencias de precios importantes.

Durante toda la mañana llevé la camiseta del "Diario de sofia y Sara", una de las causas a las que Corresolidaris da apoyo, y donde tuve que aclarar a algunos que no eran mis hijas y explicar de que iba el tema. Después fui al briefing, pero previamente pasamos por la autocaravana a dejar las cosas, lo que hizo que "calentara" hasta la reunión a un buen ritmo. La entrada al brieffing fue un poco caótica, aparte de que yo estaba ultra sudoroso. Entraron demasiados familiares y algunos triatletas se quedaron fuera. Paco, Juan Pablo y yo tuvimos que sentarnos en el suelo. Después de las explicaciones, donde nos dejaron muy claro que no fuéramos con nuestro coche a Landa (el lago de salida) y que era "obligatorio" utilizar su servicio de autocares, fuimos a comer todos los VT . Como no podía ser de otra manera, comí pasta, y de segundo entrecot que no era lo que tocaba, pero bueno...

La tarde fue un auténtico caos. Cada uno se lo montó como pudo. Primero dejamos todo el material de correr, volvimos a los hoteles a buscar las bicis, y en mi caso, preparé todos los adhesivos que hacían falta. Con Paco habíamos pensado ir en bicicleta a Landa a dejarla, pero visto la hora que era y que me faltaba el pañuelo de la cabeza que tenía que dejar en la parte del correr, tuve que abandonar la idea. Cogí la bicicleta con todo el material y fui de nuevo a la transición de correr, y luego a la cola de la bicicleta, y justo en ese momento me di cuenta que no había puesto la identificación con el dorsal en la bicicleta , y que me la había dejado en la autocaravana. Tuve que volver de nuevo. Cuando por fin volvía a estar en la cola, no avanzaba lo más mínimo, y mirando el whatsapp vi que Paco también estaba haciendo cola unos metros detrás de mí. Me explicó que había intentado ir en bicicleta, pero se había encontrado la autopista y había tenido que desistir al no conocer el camino. Ambos un desastre total ... Después de más de una hora de cola fuimos hacia Landa, dejamos el material preparado (bicicleta y todo el material de natación), y nos hicieron esperar media hora para volver en el último autocar. Hacía mucho frío. Total, que de las 19:00 hasta las 22:00 estuvimos dejando la bicicleta. Con Paco y Carmen, al volver, comimos unas tortillas en un bar mientras afuera llovía, un bocadillo, y "pa casa". Allí preparé todo lo que necesitaba para el día siguiente: ropa y comida.

Levantarse a las 6:00 de la mañana fue divertido, teniendo en cuenta que me fui a dormir hacia las 00:00. Desayuné dos bocadillos de pan de molde con queso y jamón, zumo de manzana, y algunas almendras, aunque no me entraba nada. A las 7:00 llegué a la parada del autocar con la bolsa que me habían dado para dejar la ropa post-competición. Paco y Carmen, con quien había quedado, llegaron poco después. A las 07:25 subimos al autocar (10 minutos más tarde de lo debido), y como había tantos familiares (creo que es abusar 4 familiares por triatleta) algunos se quedaron fuera, entre ellos Carmen.

El autocar nos dejó a casi 1 km de la salida y la verdad es que no entendimos porque. De acuerdo, sí, íbamos a hacer un Ironman, pero tampoco hacía falta ese calentamiento ... Rápidamente tocó revisar material, preparar la comida y bebida para la bicicleta (barritas, dos bocadillos de pan de molde de jamón serrano y queso de nuevo, y sales), y después de la visita diarreica en el baño, nos pusimos el neopreno. Nervios.

Los del half salieron unos 15 minutos antes, fuera de horario ya, y nosotros salimos hacia las 9:00, si no recuerdo mal. La verdad es que no estaba mirando la hora. Nos pusimos con Paco hacia el final, y de hecho sólo poner el pie en el borde del lago, ya dieron la salida. Entré con calma y empecé a nadar a buen ritmo, y ya vi que había bastantes algas y no se veía nada, pero me importaba un rábano.

Como era de esperar, se formaron algunos buenos tapones. El recorrido hacía forma de triángulo, separado por boyas de color naranja a cada lado del supuesto carril por donde teníamos que ir. En los extremos del lago había dos boyas amarillas que hacían de vértice del recorrido. Hacia la mitad del primer tramo muchos nos confundimos porque dentro del agua no se veían tan bien las boyas y pensamos que las dos boyas que veíamos eran las que marcaban el carril, cuando en realidad marcaban el centro del triángulo. Esto hizo que para rectificar nos salieran más metros.

La primera boya amarilla fue una auténtica locura. Gente que venía por detrás que se me quería poner por encima como si fuera un perro en celo, mientras todos estábamos casi parados intentando pasar. Por suerte, después la cosa ya fue más tranquila. Acabé la primera vuelta con un total de 2400 metros y en 35 minutos, un ritmo buenísimo.

Volví a entrar, y entonces fue cuando tuve el primer susto del Ironman. Cuando estaba llegando a la primera boya amarilla vi que las piernas las llevaba muy tensas y noté un pequeño tirón, y efectivamente, en nada me cogió una rampa en los gemelos y los cuádriceps de ambas piernas. ¡No me lo podía creer! ¿Sólo empezar y ya tenía que retirarme? Vi una barca con los de la ertzaintza y me preguntaron si tenía problemas. Les dije que calambres y me dijeron que me acercara, que es lo que hice con estilo braza. Me subieron y muy amablemente me estiraron. Cuando me dijeron que iban a avisar para que me vinieran a recoger les dije que ni de coña, que yo volvía al agua. No me lo recomendaron, pero que si era mi decisión que me irían vigilando. Me volví a tirar (perdí unos 5 minutos), y recuerdo que pensé que el problema seguramente había sido por llevar las piernas demasiado estiradas, agarrotadas. Nadé por tanto sin parar de mover las piernas suavemente y funcionó, aunque estaba sufriendo mucho al pensar que tal vez no llegaba. Cuando pisé tierra respiré aliviado, pero un poco tocado mentalmente. Justo en ese momento al mirar hacia la derecha descubrí muy sorprendido que la persona que salía conmigo era precisamente Juan Pablo, casualidades. 4500 metros en total ...

La transición fue un auténtico desastre. ¡9 minutos! Me lo tomé con mucha calma por el miedo a sufrir rampas de nuevo al quitarme el neopreno, o al hacer movimientos bruscos. Me comí uno de los bocadillos de jamón serrano en vez de una barrita, una pastilla de sales, y puse el otro bocadillo y una barrita en el Mallot. Corrí hacia la bicicleta, que ya estaba preparada con agua y todo lo demás previamente. Después de pasar la línea de montaje fui pedaleando muy tranquilamente. Las piernas reaccionaban bien.

Me acoplé, y cuando no llevaba ni 5 kilómetros noté un dolor debajo del estómago, como si fuera una especie de flato. El paisaje era muy bonito, pero no lo pude disfrutar mucho. El dolor fue subiendo en intensidad, y no se iba. Paré a mear en uno de los avituallamientos, a ver si el problema era ese, pero ya vi que no. Hacia el kilómetro 30 me avanzó Paco, que me vio mal, y le dije que no me encontraba bien y que me lo tomaría con calma, que era lo que estaba haciendo. La primera vuelta fue un suplicio, y volver a subir hacia Landa con aquel dolor era horrible, pero todo el tiempo me iba diciendo a mi mismo: "un poco más, un poco más". Cuando pasé por Landa me puse como objetivo el siguiente avituallamiento, lo superé, y ya vi que eso no era normal porque el dolor ya era horrible. Decidí parar en el siguiente y que me viera un médico si era necesario. 50 metros antes vi un lavabo, bajé a mear y entonces me di cuenta que al estar de pie el dolor bajaba muchísimo de intensidad, con lo que seguro que no era nada malo. Así que descansé un rato, y decidí pasar de médicos y de abandonar y seguir así, y que después ya veríamos en la zona de la maratón. Mentalmente estaba hecho una mierda porque me veía abandonando al correr.

Al volver a montar en bicicleta, y acoplarme, notaba que el dolor iba a más, y que si me ponía simplemente medio derecho, bajaba, así que decidí pasar de la aerodinámica. Continué con la segunda vuelta. Los voluntarios estaban por todas partes, era imposible equivocarse. Las motos de los jueces no paraban de pasar arriba y abajo llamando la atención a los triatletas, pero la verdad es que no me molestaban mucho. Si que es cierto que algunos iban haciendo drafting de una forma descarada, y otros en cambio simplemente intentaban avanzar. La segunda subida a Landa fue durilla, entre el esfuerzo acumulado de aguantar el dolor, y el viento que había empezado a soplar desde hacía un rato. Una vez la superé recuerdo que me animé un poco. Si bien continuaba con el dolor, ya no faltaba mucho. Creo que me meti entonces el último bocadillo. Durante todo el recorrido había hecho siempre caso a Marçal y cada media hora había ido comiendo algo (media barrita), y alternando agua con isotónica. En la bicicleta no tomé ningún gel.

En uno de los toboganes de Landa ya de la última vuelta recuerdo que en la bajada me acerqué al que tenía delante, y que evidentemente eso quería decir que iba más lento y que tocaba avanzarlo, pero justo después venía la subida, y me puse de pie para evitar dolores y hacer fuerza para adelantarlo. Justamente era una de las tres subidas fuertes que había en el circuito. Recuerdo que ya estaba a un metro (¿quizás había tardado treinta segundos en acercarme?), Y se me acercó una moto con un juez y con muy malas maneras me dijo "o lo avanzas, o te quedas atrás" . Lo miré cagandome en todo, sorprendido porque era evidente que estaba en subida, que no me estaba aprovechando de nada, y que lo estaba haciendo, pero que costaba precisamente en ese tramo. Cuando adelanté al otro participante recuerdo que me dijo: "qué mala leche que tiene, ¿no?", Y le di toda la razón.

Los últimos kilómetros tenían bastante bajada, y alguna subida dura. En el tramo de carretera estrecha donde los competidores subíamos y bajábamos vi a Juan Pablo que debía ir unos 3 o 4 kms delante mío, y me animé algo porque ya faltaba poco. El tramo de la entrada a Vitoria fue entretenido y rápido. No tenía a nadie detrás, y el de delante estaba a unos cien metros. Tras una curva vi un arco y supe que la bicicleta acababa allí. Estaba todo lleno de gente aplaudiendo y casi me emocioné. En mi cabeza igualmente sólo pensaba en cómo me sentiría al correr. Bajé de la bicicleta y la entregué a un voluntario, y me sentí como si fuera un profesional. Empecé a correr hacia la transición con las zapatillas de bicicleta todavía puestas, y vi que el dolor de la barriga era insoportable. No paré porque con todo el mundo animando no podía hacerlo, pero cuando entré en la transición estaba muy bajo de ánimos. Me cambié y salí caminando. Arriba vi a Jose, Ester, Juan y Antonio que me animaban.

Vi un lavabo y hice cola para entrar. Por si acaso era mejor vaciar líquidos. Cuando entré y empecé a mear (perdonad por lo que diré...) se me escapó un pedo que duró como 10 segundos. Dicen que la felicidad está en 13 segundos, pero para mí fueron suficientes. Recuerdo que pensé "¡No jodas que era eso!". Solté varios gases más y salí para empezar a correr. ¡¡¡No me dolía!!! Fuera como fuera, era consciente de que tantas horas haciendo fuerza y ​​sufriendo aquel dolor me podrían pasar factura muscular en la zona del estómago. Paré a hablar con todo el grupo de VT que estaban animando y les expliqué que mi idea era probar a ver si podía correr, porque lo había pasado muy mal.

Entré en el circuito, pasando por delante de la zona de meta. Al mirar el ritmo que llevaba hacia el primer kilómetro vi que me estaba pasando y iba a 4'30 '', y que encima me encontraba muy bien, casi como si no hubiera hecho bicicleta (bueno, tal vez exagero un poco). Bajé el ritmo a 5'20'' o así, ya que sabía que era un camino muy largo, y en mi mente sólo tenía una idea: "si consigues hacer dos vueltas corriendo ya lo tienes. El resto aunque sea caminando". Tenía que hacer 4 vueltas, lo que psicológicamente a mí me supone mucho desgaste. Recuerdo que tomé otra decisión importante. Parar cada avituallamiento para beber agua o bebida isotónica tranquilamente para evitar entrar más aire en mi estómago, y comer alguna cosa si podía. Y así lo hice durante toda la carrera. Había 4 avituallamiento en cada vuelta, pero no me importaba perder 30 segundos o un poco más en cada uno de ellos.

Hacia el kilómetro 2 vi a mi padre, que se alegró e ilusionó mucho. Me preguntó cómo estaba, y le dije que no muy bien debido a todo lo que había pasado, y al miedo que aún tenía en ese momento de tener una recaída de dolor. Fui tirando, me encontré a Oliver que me animó, y hacia el kilómetro 8 decidí tomarme uno de los geles que llevaba, y así lo hice también en la segunda y tercera vuelta, en el mismo punto. Aquel trozo del circuito, del kilómetro 7 al 9 de la vuelta, era el peor tramo de todos. Si bien es cierto que había gente para animar (mi padre también se trasladaba a ese punto cada vez), el hecho de ser un paseo muy largo y pasar por el mismo trozo un mínimo de dos veces, y un máximo de tres, hacía que te destrozara la mente. Este hecho lo noté sobre todo en la tercera vuelta, que era precisamente donde se encuentra el muro en un maratón normal, y llegué a pararme unos segundos a hablar con mi padre, aunque él no me dejó. Tuve que hacer unos esfuerzos horribles en esa vuelta para no caminar. Pero volvamos atrás de nuevo...

Acabé muy bien la primera vuelta y me encontré hacia el principio de la segunda a los VTs que estaban animando, y me alegré también muchísimo. Llegué al avituallamiento de Infisport, me arriesgué a tomarme un vaso de sales (cosa que ya hice a partir de ese momento en cada vuelta), y justo después adelanté a Juan Pablo. Le dije si quería que fueramos juntos, pero me dijo que no, que tirara que yo iba más fuerte y él iba cómodo con aquel ritmo, así que le hice caso. Al terminar la segunda vuelta me animé más. Aquello ya lo terminaba como fuera, aunque me hubiera de arrastrar por el suelo como un caracol.

Volví a ver a los VT, a mi padre, y entonces noté un poco el efecto del muro. Aguanté bajando un poco el ritmo y lo que podía ocurrir, ocurrió; me dieron ganas de liberar a Willy. Tuve que parar y caminar unos cien metros (los únicos que andé) ya que sino Willy embadurnado huía de mala manera, entre dolores en la parte baja del vientre. Conseguí llegar al lavabo vivo y al entrar evidentemente estaba todo muy sucio, pero al menos había papel. Hice lo que se llama un "American Pie". Después de limpiar la taza, que no tenía tapa, puse papel en todo el borde para poder sentarme, y casi me fue justo de no dejar Willy líquido donde no tocaba. Me limpié a conciencia, dejé los papeles en la basura que tenía al lado, y pude volver a correr. ¡Otros 5 minutos bien gastados!

El ritmo en esta tercera vuelta fue más bajo. No me encontraba tan bien. Donde tocaba del trozo del paseo me tomé mi último gel, bebí agua, y me comí un trozo de plátano, y aquello me fue muy bien ya que al comenzar la última vuelta noté que me había recuperado y me volvían las fuerzas. Fue algo muy sorprendente para mí. Ya había notado que las pulsaciones me habían bajado durante la carrera a pie. Había comenzado entre 145-150, incluso 155, en algún tramo, y en cambio en ese momento, yendo a un ritmo más rápido, estaba entre 138-142 pulsaciones. Me encontraba muy bien, y no paraba de avanzar zombies de primera, segunda, tercera y cuarta vuelta (lo sabía por las pulseras que daban en cada vuelta).

Fui corriendo sólo parando en los puntos de avituallamiento y sin tener sensación de estar agotado. Llegué al paseo de las tres vueltas muy animado y recuerdo que cuando sólo me quedaban dos kilómetros decidí acelerar un poco más. Al kilómetro volví a subir un punto más la marcha, y los últimos 500 metros puse la directa, cuando entraba en la plaza de la Virgen Blanca. En ese pequeño tramo de 200 metros hasta la meta adelanté a unos 10 corredores. Recuerdo que yo iba haciendo "¡Aupa, aupa!" al público y animando, y ellos a mí (aunque ya había menos gente), y alguien dijo "¡mira como corre este! ¡Aupa! ". Unos catalanes dijeron mi nombre, y ya antes de la recta final de meta adelanté mi último corredor y decidí no correr demasiado para hacer la entrada yo solo. Aquel último trozo fue muy emocionante, si bien no se me escapó la lagrimita, lo que pensaba que haría, y crucé la línea con el público a ambos lados y levantando las manos, en un tiempo de 11h:39m tras todo el calvario que había pasado. Si me lo hubieran dicho durante la bicicleta o la natación, no me lo hubiera creído. ¡Menos de 4 horas en el maratón recuperando casi 300 posiciones!

Un hombre de la organización se me acercó y me preguntó si me encontraba bien, le dije que sí, y me explicó donde estaba todo. Recogí la medalla, la camiseta de finisher que era una pasada, una toalla, y medio cené porque tampoco tenía mucha hambre: paella, un poco de tortilla, melón y sandía. Heché en falta un poco de chocolate. Como tenía frío porque empezaba a refrescar pedí una manta térmica que daban.

Salí del recinto de la meta, y me dirigí a recoger el material. Aquello fue un poco caótico, porque estaba solo y no recordaba exactamente dónde estaba cada cosa. Fui primero a recoger la bicicleta, pero cuando lo iba a hacer me encontré allí a Paco y Carmen, que acababan de volver de recoger las bolsas. Trazamos un plan para volver los tres juntos, pero no lo hicimos muy bien... La mejor idea era que yo recogiera primero las bolsas, que es lo que hice a la vez que le pedí a Paco que me grabara un vídeo que tenía pensado, y luego el plan consistía en que cogiéramos un taxi para ir hacia el hotel/autocaravana y volver a posteriori por la bicicleta.

Lo que pasó es que no había ni un taxi, ni llamando por teléfono, cayó una tromba de agua, e intentamos coger el tranvía que estaba cortado por la carrera, evidente ya que un tramo discurría por las vías. Entonces nos dimos cuenta de que podíamos coger las bicicletas y subir al tranvía, que es lo que acabamos haciendo, eso sí, caminando un buen rato bien cargados hasta la primera estación operativa.

Y este, dejando de explicar muchas otras anécdotas y comentarios diversos que darían lugar a un libro, es en resumen mi primer Ironman, el de Vitoria-Gasteiz. Os diré, eso sí, que el sitio escogido para la natación era muy bonito, el circuito de bicicleta también pero que le faltaban sombras y tenía unos 1000 metros de desnivel positivo (plano, lo que se dice plano, tampoco lo era), y que la parte de correr era perfecta a nivel de poco sol, pero mala en cuanto a vueltas por el mismo sitio. Una gran experiencia, y una organización realmente de lujo durante toda la carrera, con voluntarios a raudales, y con todo lo que necesitábamos. Las piscinas hinchables para mojar la cabeza estaban perfectas. Aparte, antes de que me olvide, salgo en el vídeo oficial del Triathlon Channel en el minuto 23:40.

Quiero dar las gracias a todos los "suporters", al entrenador de VT Marçal y a todo Viladecans Triatlón, a mi padre por haberme acompañado y darme ánimos, y sobre todo a mi pareja Marta por haber aguantado todas las horas de entrenamiento que me han supuesto hacer este reto, y el sufrimiento del reto en sí. Yo creía que así descansaba de mí, pero se ve que no es exactamente eso, jeje. ¡Muchas gracias!

Ya soy Ironman, y ahora sólo me queda esperar a Hulk y a Wonderwoman (este comentario soy consciente de que sólo lo entenderán unos pocos...).

En cuanto a mis estadísticas han sido las siguientes:

Os dejo el Garmin, como siempre, con las pulsaciones, recorrido, track, altimetría y el resto:

¡Salud y kilómetros!

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